domingo, 30 de junio de 2013

Infeccíon por Parasitos de Ratas

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Los Angiostrongylus son nematodos (helmintos) que parasitan a mamíferos y viven habitualmente en las arterias pulmonares de las ratas y otros roedores que son sus hospederos definitivos.
Con muy pocas excepciones, sus hospederos intermediarios son gasterópodos, o sea, caracoles y babosas y llega a parasitar al ser humano como huésped no habitual.

Hasta ahora, en las investigaciones de A. cantonensis en el sur, el sureste y en las regiones del noreste del Brasil se ha encontrado infección natural solo en los caracoles (huéspedes intermediarios) Achatina fulica, Sarasinula marginata, Subulina octona, Bradybaena similaris y Pomacea lineata.

El caracol gigante africano, Achatina fulica, es considerado una de las plagas más perjudiciales del mundo. Además del impacto que puede ocasionar sobre la flora y fauna nativa, A. fulica también puede actuar como vector de parásitos de importancia médica y veterinaria. Esta especie puede actuar como huésped de nematodos de Angyostrongylus  cantonensis y costaricensis.

Actualmente, la especie se encuentra restringida en zonas urbanas de la ciudad de Puerto Iguazú, limitadas por la frontera con la República Federativa de Brasil y del Paraguay, por un lado, y el Parque Nacional Iguazú, por otro, en la provincia de Misiones.

Por el momento no se han encontrado Angiostrongylus en el caracol común de jardín Helix Aspersa.

Se han descrito al menos 20 especies del género Angiostrongylus en roedores, carnívoros e insectívoros a nivel mundial; pero sólo dos de ellos afectan al hombre:

Angiostrongylus cantonensis, que afecta al sistema nervioso central (SNC) y algunas veces a los pulmones, y
Angiostrongylus costaricensis, que habita las arterias mesentéricas y causa la angiostrongiliasis abdominal en la América tropical.

El nematodo A. cantonensis vive habitualmente en las arterias pulmonares de las ratas (Rattus rattus, Rattus norvegicus) y es una de las causas más frecuentes de meningitis eosinofílica en el hombre.

Cuando un huésped no habitual (incluyendo al hombre hombre) es infectado, la larva del parásito migra al cerebro, pero en contraste con su hospedero, no alcanza su desarrollo hasta la madurez sexual.
Los parásitos adultos viven habitualmente en las arterias pulmonares de las ratas y otros roedores (hospederos definitivos habituales). 
Las hembras ponen huevos, que eclosionan y producen larvas de primer estadio (L1) en las ramas terminales de las arterias pulmonares. Estas larvas L1 migran hacia la faringe, para ser deglutidas y eliminadas en las heces.
En el medio exterior, las larvas L1 invaden un hospedero intermediario (caracoles o babosas), en el que sufren dos mudas larvarias, por un período aproximado de dos semanas, hasta llegar a convertirse en larvas de tercer estadio (L3), que resultan infectivas para los hospederos definitivos (mamíferos). 
Cuando los hospederos definitivos ingieren el molusco o sus secreciones infectantes, las larvas L3 penetran a través de la pared intestinal, en el torrente sanguíneo y migran fundamentalmente al sistema nervioso central (SNC) en 24 horas, ingresan en la sustancia gris y después de 7 a 9 días llegan a su cuarto estadio; en el SNC hacen su recorrido hacia las meninges, el espacio subaracnoideo donde en el lapso de 7 a 9 días llegan a ser larvas de quinto estadio (L5) o adultos jóvenes. 
Estos adultos jóvenes regresan al sistema venoso para llegar a las arterias pulmonares, donde, después de otras dos semanas, alcanzan la madurez sexual y pueden empezar a depositar huevos.
Existes varias especies de animales que pueden actuar como hospederos paraténicos o de transporte, después de ingerir caracoles o babosas (hospederos intermediarios habituales) infectados.
Transportan en sus organismos las larvas L3, por lo que, al ser ingeridos por un hospedero definitivo, pueden cerrar el ciclo de vida del parásito en la naturaleza. Dentro de estos hospederos paraténicos se han descrito varias especies de planarias, ranas, camarones de agua dulce y cangrejos.

Los humanos, al igual que otros mamíferos, son hospederos definitivos accidentales. Pueden adquirir la infección por la ingestión de caracoles o babosas crudas, vegetales contaminados con las secreciones de los moluscos u otros animales (hospederos paraténicos), como cangrejos terrestres o camarones.

Aunque este ciclo se completa en los hospederos definitivos habituales (ratas y otros roedores), en los humanos y en otros mamíferos, la migración de los parásitos va a detenerse en el cerebro y más raramente en los pulmones, donde los parásitos morirán, por lo que el ciclo nunca se cierra en ellos.

La causa de la muerte en humanos no es, como muchos piensan, el daño directo causado por A. cantonensis, pues llegan más larvas al SNC de los hospederos definitivos (ratas) que al de los accidentales.
Por el contrario, es la respuesta exagerada desencadenada por el hospedero accidental la que induce la enfermedad.
Ésta se basa fundamentalmente en la producción de IgE específica, que es capaz de matar las larvas de Angiostrongylus con la ayuda de las células fágicas, principalmente los eosinófilos. Éstos descargan su contenido, principalmente la neurotoxina, que parece ser, en definitiva, la principal responsable de los daños observados.



Angiostrongylus costaricensis es un nematodo parásito de la superfamilia Metastrongyloidea.
El hospedero definitivo son roedores, principalmente ratas de las especies Sigmodon hispidus, Rattus rattus y Oryzomys fulvescens.

Como hospederos intermediarios encontramos moluscos de la familia Veronicellidae, principalmente Vaginulus plebeius y Phyllocaulis variegatus; no obstante, se ha demostrado que A. costaricensis no presenta alta especificidad por el hospedero, por lo que existe la posibilidad de que otros caracoles y babosas sean portadores intermedios.

Se le considera el agente etiológico de la angiostrongiliasis abdominal, un cuadro clínico cuyo síntoma predominante es dolor abdominal, localizado por lo general a nivel la fosa iliaca derecha y acompañado en algunos casos de una masa dura intra abdominal, dolorosa a la palpación, que puede confundirse con una masa tumoral. 
Con frecuencia se presenta fiebre, vómito, anorexia y otros síntomas inespecíficos, los cuales, unidos al cuadro anterior, confunden el diagnóstico con una apendicitis.
En la angiostrongiliasis abdominal las zonas del intestino más afectadas son la región íleo terminal, el ciego, el apéndice y el colon ascendente, los cuales presentan por lo general inflamación, hipertrofia y necrosis. Microscópicamente se pueden observar granulomas de cuerpo extraño con infiltrado de tipo eosinofílico tanto alrededor de los huevecillos como de las larvas del parásito.

Con respecto a la infección del ser humano, se dice que ésta se produce al ingerir alimentos y/o agua contaminada con la L3, o bien, cuando de manera accidental se ingiere un molusco infectado.
Como lo hace en su hospedero natural, el parásito logra desarrollarse y alcanzar su madurez sexual, localizándose generalmente a nivel de arterias mesentéricas, en la región ileocecal.

Debido a su condición de hospedero accidental, en el ser humano se produce una fuerte reacción inflamatoria a nivel de la pared intestinal que impide que las larvas producidas alcancen el lumen intestinal y puedan ser expulsadas con las heces al medio externo.

En los casos más graves esta fuerte reacción inflamatoria, puede conducir a una perforación de la pared intestinal, que hace necesaria la intervención quirúrgica y, en algunos, casos puede incluso conducir a la muerte, llegándose a reportar en la literatura tasas de letalidad desde un 1.8% hasta un 7.4%.
Afortunadamente, lo que ocurre con mayor frecuencia en esta parasitosis es una remisión completa y espontánea de la infección.

Fuentes: Departamento de Parasitología, Facultad de Microbiología, Universidad de Costa         
                Rica.
                Laboratorio de Biología Celular e Helmintologia, Universidad Federal do Pará,     
                Brasil.
                Laboratório de Malacologia, Instituto Oswaldo Cruz-Fiocruz, Brasil.
                Servicio de Anatomía Patológica, hospital general  Luis Vernaza, Guayaquil, 
                Ecuador.
                Facultad de Ciencias Médicas Doctor Miguel Enríquez, Ciudad Habana, Cuba.